La educación empresarial

Es muy importante desmitificar
el término “empresa”.

Empresa viene de emprendimiento, capacidad para dirigir y realizar una acción o acciones en función de metas. En ese sentido todos
somos empresarios, gente dedicada a producir bienes y servicios directamente o para otras personas. La educación empresarial es clave para formar personas autónomas, capaces de organizar su forma de vida, sin descuidar a los demás.


Se ha dicho con insistencia que la educación es clave para el desarrollo. En la práctica se ha demostrado que a más escolaridad mayores
oportunidades y, por lo tanto, mejor calidad de vida.

En el contexto que vivimos, los padres y los abuelos tenían razón cuando insistían que “la educación es la única herencia”. Y los resultados están allí. Quienes aprovecharon el tiempo, estudiaron y se sacrificaron están en posiciones relevantes mientras que los demás se quedaron atrás, en la medianía o, simplemente no despegaron.


En la actualidad, cuando la competencia es la norma que afirma el sistema socio-económico vigente, la educación empresarial tiene relevancia, sobre la base de un concepto y praxis de desarrollo cuyo centro debe ser el ser humano y no exclusiva ni excluyente,
el dinero o la mercancía. Dicho en otros términos, la educación tiene la responsabilidad de formar integralmente a las personas, pero
también prepararlas para valerse por sí mismas, desarrollar sus aptitudes y promover cambios para adaptarse a situaciones cada vez más difíciles.


La alternativa es, pues, obvia: diseñar modelos de educación que se articulen con el mundo del trabajo. La organización de microempresas, bolsas de empleo, simulaciones de negocios familiares, educación dual (educación-empleo), fomento de juegos de empresas no excluyen la filosofía y las acciones de solidaridad, en el ámbito de la responsabilidad social.


En esta línea la educación empresarial implica un cambio de mentalidad de la comunidad de aprendizaje y, naturalmente, un cambio de
paradigma. El Ecuador debe revisar su educación si no quiere preparar millones de personas destinadas a la desocupación y a la marginación. La mentalidad emprendedora , la autonomía, el desarrollo del pensamiento, la práctica de valores, la vida democrática, el respeto al medio ambiente, el desarrollo de tecnologías apropiadas son algunos de los elementos a tener en cuenta en el diseño
de la educación del futuro, que debe ser definitivamente inclusiva.



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